
Hace tiempo que empecé esta entrada dedicada a la extraña situación policial que estoy viviendo y que mucha de la gente que conozco también está pasando. Era un texto distinto, pero debido a unos cuantos acontecimientos de actualidad he decidido escribirlo de otra forma.
La Policía es necesaria en un sistema como el que tenemos ahora, eso nunca lo he dejado de pensar. Son personas y no demonios, como mucha cree y habrá sus hijos de puta como en todos los lados. Se de muchos casos de miembros de la Policía que en su vida diaria tienen que esconder su oficio por miedo a ser discriminados por el resto de la población. Es triste, pero mucha gente tiene la impresión de que van a ser espiados o algo por el estilo si tratan con un agente. Aunque con oficios distintos, es parecido a lo que sufre Pepe Isbert en El verdugo. Con esto no digo que siempre esté de acuerdo en el modo de actuación del cuerpo policial, aunque también quiero recordar que son unos mandados como todo trabajador, pero en este caso su jefe es el Gobierno y no les queda otra que actuar, porque si no lo hacen la que les viene es chica. Voy a contar mis recientes experiencias con la Policía.
En los últimos dos años, las veces que me han parado para pedirme la documentación superan los dedos de mis manos. De hecho podría decir que antes de estos últimos años, solo me habían parado cuando hacía gamberradas en la adolescencia o algún botellón cuando tenía dieciocho años. En alguna situación he podido comprender la actuación de la Policía, no porque haya hecho algo ilegal que no es el caso, pero la mayoría son situaciones realmente absurdas. Aunque la que gana puntos fue la última.
Ocurrió hace aproximadamente un mes, era un domingo por la noche y estaba en casa de un amigo. Serían las 0:00 más o menos y decidí que ya era hora de marchar a casa. Mi amigo me dijo de acompañarme para darnos un paseo y en algún punto intermedio del camino, irnos cada uno a nuestras respectivas casas. Mientras íbamos hablando y andando por nuestro municipio, vimos demasiados coches de la Policía. Esto nos llevó a sacar el tema de la gran presencia policial que hay en las calles últimamente, como si estuvieran esperando a que algo fuera a pasar. Nos tomamos el tema un poco a risa por lo conspiranoico de la gente ante estas cosas, aunque sabemos que algo parece haber. Hablamos de las veces que nos han pedido la documentación y es que a mi amigo en un fin de semana le apareció dos veces la secreta y ambas al lado de su casa.
Proseguimos la marcha y seguíamos viendo más y más coches, motos y furgones patrullando, hasta que llegamos a un punto intermedio. Allí nos detuvimos durante unos minutos a hablar antes de marcharnos, no sin antes ver a un coche de la Policía que no dejaba de mirarnos. Siguió adelante, nos reímos ante la situación. No pasaron dos minutos cuando pasó un furgón policial, nos volvimos a reír. La verdad que nos costaba despedirnos porque nos gustaba la conversación, fue entonces cuando el coche anterior volvió a pasar y se paró para mirarnos mejor. Siguió adelante, nos reímos y de repente decidió dar la vuelta y se paró al lado nuestra. Los dos agentes bajaron, nos dieron las buenas noches y nos pidieron la documentación.Sin ningún problema se la dimos y uno de ellos no empezó a preguntar: “¿habéis estado alguna vez detenidos?”, “¿lleváis algo?”, “¿qué hacéis?“, etc., las preguntas típicas que te hacen. Como nuestro historial delictivo es nulo, empezó con otras preguntas y estas a mi criterio, un poco molestas: “imagino que iréis ahora a casa ¿no?”, “¿es que no madrugáis?”, “no os quejéis de estar en el paro, es la empresa más grande del país”, etc.
Las preguntas en sí no cabreaban, pero el tono de burla con que las decía si. Después de esto, nos hizo vaciar los bolsillos para ver que llevábamos. Cuando terminó de mirar, nos guardamos las cosas y volvió con una pregunta: “¿pero es que no tenéis que madrugar? id a casa anda”, esta ya me cabreó y no pude evitar añadir un “¿usted cree que si mañana tuviera que madrugar iba a estar aquí?”. Se reía y me preguntó si hacía algo, le dije que al no trabajar tengo que volver a estudiar. Se marcharon.
En realidad es una escena boba, porque puede que estuvieran buscando a alguien por cualquier cosa, pero es gracioso que te obliguen casi a marcharte a casa y que le parezca extraño o inmoral que estés hablando con alguien en la calle a poco más de las doce de la noche. ¿Hay un toque de queda y no me he enterado? Esto no es lo único, también me inquieta la alta presencia policial en el Metro, he visto en bastantes ocasiones la actuación de agentes de paisano pidiendo la documentación a gente sin ton ni son. Si bien como he dicho antes, me reí con el tema de la extremada presencia policial, hoy no lo hago y es que hay un miedo del Gobierno, un miedo a que pase algo. No es de extrañar, la cosa se está yendo de madre y la gente tendrá que saltar como esto siga así. Siendo como son los españoles me cuesta creerlo, pero cuando no se tiene nada y no hay nada que perder y mucho que ganar pues pasan estas cosas.
Hoy hemos podido ver que el Gobierno pretende controlar la reuniones y convocatorias con actitud violenta que haya por Internet y todo aquello que huela a sospechoso se considerará terrorismo. Pues sí, tienen miedo.




















