El uso de la libertad de expresión

Otra de ataques a la libertad de expresión. Nuestro país -que hace poco montó una cruzada contra Francia porque un programa de humor se burló de varios deportistas nacionales- saca esa moralidad imbécil que posee para preocuparse por cosas absurdas y que sirven de cortinas de humo para que los ciudadanos no piensen en problemas de mayor importancia. En plena época de inmoralidades por parte de los que manejan el timón, nos ocupamos de llevar a los juzgados a quien realiza un simple acto artístico. Hace no mucho que pasó el caso de Ángel Sala y la proyección en Sitges de A Serbian Film, y tampoco hay que mirar muy atrás para buscar otros antecedentes: la calificación X a Saw VI, la retirada en quioscos de cierto número de la revista El Jueves o la persecución que sufrió -y sufre- la banda Soziedad Alkoholika. Ahora tenemos en nuestros juzgados a Javier Krahe por un supuesto delito de blasfemia por el cortometraje Cómo cocinar un Cristo.

La intentona de unos cuantos por imponer su moralidad a la de los demás -en este caso por parte del catolicismo rancio- es para mear y no echar gota. Nadie puede cenar tranquilo sin pensar en lo que cena el otro. Aunque el cortometraje de Krahe me parece una obra de nulo interés, tan sólo una rareza que sirve para decir que se ha hecho -y muestra de ello es que ha estado en el olvido montones de años-, no puedo dejar de pensar en que estamos llegando a unos límites absurdos, donde ya nadie puede hacer nada y todo el mundo se ofende por cualquier cosa. La más mínima bobada sirve para meter política, como se hace con todo, olvidando por un momento que se trata de una obra de ficción y no es ningún atentado contra nadie. Nos ofendemos por polladas y no somos capaces de hacerlo con cosas que realmente deberían, por lo menos, provocarnos algo de indignación.

Los intolerantes siguen teniendo voz en este país, de hecho, cada día son más. Estaría bien que se callaran un rato, pero como amante de la libertad de expresión, prefiero no hacer caso de sus necedades. El problema es que muchos aún hacen caso a los necios y la indignación da fuerza.

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Acerca de Rubén Íñiguez Pérez

Soy nada y muchas cosas a la vez: coordinador del festival de cine La Mano, colaborador en SpanishFear.com y un imán para los tipos raros. Adicto a vídeos estúpidos de Youtube.
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