Qué leer (3)

El verano es un buen momento para darle a la lectura. Imagino que ya tendréis una lista con los libros que devoraréis en estas fechas, aunque también pienso que la mitad estarán acabados –estamos ya en agosto–, pero, aún así, añadid alguno de los siguientes que recomiendo, aunque sólo sea para poneros en la difícil situación de tener que elegir entre una obra u otra.

 

Antonio Orejudo, Ventajas de viajar en tren

Lo puse hace tiempo en redes sociales y lo reitero aquí: esta novela es una de las más divertidas que jamás he leído. Me he reído y mucho, incluso a carcajadas. Cómo no valorar para bien un libro que consigue que me descojone, pues aunque muchas obras me han provocado unas cuantas risas, pocas recuerdo que lo hagan de tal manera. Pero dejo de lado las risas que me he echado con esta novela e intentaré ser objetivo en mi recomendación, aunque no lo parezca si acto seguido digo que es una de las mejores novelas españolas de los últimos años.

Ventajas de viajar en tren muestra la gran capacidad narrativa de Antonio Orejudo. La crítica habla de una estructura del relato a la manera cervantina y no se equivoca, pues una serie de historias se van sucediendo y encadenando una tras otra, como si fueran muñecas rusas. Otro hecho que la emparenta con la novela barroca es el juego narrador-lector del que autores Cervantes (Novelas ejemplares) y Lope de Vega (Novelas a Marcia Leonarda) se sirvieron, y de forma muy original. Tampoco tienen desperdicio los guiños, parodias y burlas a la historia literaria española que encontramos a largo de la lectura. Destaco el de Platero y yo, uno de esos momentos que tanto me hizo reír por lo antitético que resulta.

Todas estas referencias cobran sentido al darnos cuenta de que el autor hace reflexionar al lector sobre asuntos como la idea de novela, la invención narrativa, la verosimilitud de los personajes o la historia literaria –metaliterariedad al poder–. Un conjunto de elementos que, junto a los absurdos relatos que lo componen y la forma de tratar el tema de la falsedad de la realidad, dan como resultado una lectura más que placentera.

 

Pau Subirós, El productor accidental

¿Cómo acaba uno siendo productor sin proponérselo? Eso es lo que nos cuenta Pau Subirós en El productor accidental, un ensayo-diario que se lee como la mejor de las novelas de aventuras –a esto contribuye la excelente prosa de su autor–. Divertido a la par que instructivo.

Las aventuras de su autor se convierten en interesantes enseñanzas para quienes quieran dedicarse a la producción cinematográfica. Bien es cierto que no existe una fórmula que asegure el éxito, pero también es verdad que las hay más acertadas y en El productor accidental encontramos unas cuantas. Puede decirse también que es un “manual sobre producción audiovisual”, pues encontramos una serie de pautas sobre cómo preparar un proyecto. Si bien, como comenta el autor en varias ocasiones, uno se tiene que ir adaptando a las necesidades del filme. Así que si te interesa el mundo audiovisual, echa un ojo a este libro porque de él se puede sacar mucho provecho, aparte de que resulta entretenido.

 

Sara Mesa, Cicatriz

Ya comenté en el anterior “¿Qué leer?” las ganas que tenía a esta novela. Más aún cuando un autor de la talla de Rafael Chirbes la avala. No ha habido decepción. Cicatriz confirma a su autora como una de las voces más interesantes del panorama literario actual de nuestro país. Sara Mesa propone al lector una trama simple, una historia que gira alrededor de dos personajes, pero de contenido complejo, en el que aborda el complicado mundo de las relaciones sociales a través de internet y los diversos sentimientos y estados que afloran en ellas como la falsedad y la intriga que producen quien está al otro lado del chat, u otras que van surgiendo como la situación de poder sobre el otro o la humillación.

Se trata de una vuelta de tuerca al género epistolario, aunque vía chat, SMS y correo electrónico. Una novela contada con estilo: sintaxis breve y contundente, un gran manejo del registro en el lenguaje y perfectamente estructurada. Breve e imprevisible, Cicatriz hipnotiza a quien se atreve a leerla.

Javier Pulido, La década de oro del terror español 1967-1976

De siempre me ha interesado la historia de los géneros fantástico y terror en el cine español –al igual que en otros ámbitos como la literatura, el arte o incluso el pensamiento–. Es por eso que, desde este blog y también en redes sociales, he hecho hincapié en el nefasto nivel de los críticos supuestamente especializados en el tema. Salvo excepciones, la gran mayoría de ensayos que se han publicado sobre el género están faltos de subjetividad y de datos fiables. Parece que últimamente la cosa se va arreglando con libros como Silencios de pánico (Diego López y David Pizarro), Cine fantástico y de terror español (una obra conjunta coordinada por Rubén Higueras) o Sex, Sadism, Spain, and Cinema (Nicholas G. Schlegel), y digo parece porque aún no los he leído, pero cuyos autores me ofrecen un mínimo de credibilidad en sus textos. A la espera de adentrarme en estas lecturas para poder emitir un juicio, no tengo ninguna duda de que La década de oro del terror español 1967-1976 es lo mejor que se ha publicado hasta la fecha sobre el Spanish Horror.

Centrado principalmente en la historia de la productora Profilmes, conocida como la “Hammer española”, esta obra de Javier Pulido no sólo aporta una visión mucho más objetiva a todo lo anteriormente publicado –corroborando con datos y no con palabrería–, sino que además está perfectamente redactada, lo que hace que resulte una amena lectura. No se deja en el tintero asuntos como las consecuencias que tuvo en estas películas el “caso Matesa” o las cifras de costes de producción, de salarios o de recaudación. Razones que convierten a La década de oro del terror español 1967-1976 es un libro de cabecera para quienes estén interesados en el terror Made in Spain.

 

Leopoldo María Panero, Poesía Completa (1970-2000)

Ha pasado poco más de un año desde la marcha Leopoldo María, el último miembro de los Panero en dejar el mundo de los vivos. Quien no lo deja, ni lo dejará, es su obra, reivindicada cada vez por más voces, quizá porque su personalidad y su fama de poeta maldito resultan atractivas al público o porque su poesía, oscura y marginal, choca con la de sus contemporáneos –las generaciones posteriores han sabido apreciarla mejor–. A este reconocimiento por el poeta también ha contribuido El desencanto (Jaime Chávarri, 1976), un clásico del cine español de los 70 que muestra cómo fueron la vida y relaciones de los miembros de la familia Panero. Fue tal el éxito de la película que en 1994 tuvo secuela: Después de tantos años (Ricardo Franco).

Pero no quiero contar la vida de Leopoldo María Panero, sino recomendar su obra a quienes no la conocen. En un país en el que se leen pocos libros, y lo que se escoge deja que desear, no puedo dar por conocidos a autores simplemente porque aparecen en manuales de Literatura o son recomendados por la crítica. Por eso recomiendo echarle un vistazo a los poemas que componen Poesía Completa (1970-2000), el primero de los dos volúmenes editados por Visor y que recogen toda la obra poética de su autor. Me he decantado por este primer tomo ya que en él se encuentran las primeras publicaciones, pero el segundo tomo (Poesía Completa 2000-2010) es más que recomendable, como también lo son la antología Agujero llamado Nevermore (Cátedra) y el estudio sobre el poeta de Tua Blesa –probablemente el crítico que más obras ha dedicado al poeta– Leopoldo María Panero, el último poeta (Valdemar).

Una poesía aparentemente pobre, en cuanto a métrica se refiere, que no necesita de adornos ni retoricismos debido a la potencia de sus imágenes, a su riqueza léxica y a la frescura, incluso décadas después, de los temas que trata y de las ideas que transmite. Adentrarse en lo sórdido, oscuro y desquiciante de los poemas de Leopoldo María Panero es una de las aventuras que todo buen lector debería tener alguna vez. Los Poemas del manicomio de Mondragón son una buena forma de comprobarlo, y están incluidos en este volumen.

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Acerca de Rubén Íñiguez Pérez

Soy nada y muchas cosas a la vez: coordinador del festival de cine La Mano, colaborador en SpanishFear.com y un imán para los tipos raros. Adicto a vídeos estúpidos de Youtube.
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